El 75% de la Amazonía ha perdido su capacidad de resiliencia

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El 75% de la Amazonía ha perdido su capacidad de resiliencia
Primicias
13 de marzo, 2022
Imagen referencial de la Amazonía ecuatoriana. – Foto: Página del Ministerio de Agricultura y Ganadería
Con una extensión de 5,5 millones de kilómetros cuadrados, la selva de la Amazonía es la más grande de su tipo. También es hogar de una de cada 10 especies conocidas.
En las últimas dos décadas, el 75% del ecosistema de la Amazonía ha perdido su capacidad de resiliencia, que es la habilidad de un ecosistema para mantener procesos normales como el rebrote de vegetación después de una sequía.
Así lo establece un reciente estudio publicado en la revista científica Natures Climate Change
Una menor resiliencia en la Amazonía se debe a temporadas de sequía cada vez más largas y condiciones más áridas, causadas por el cambio climático, que están debilitando la habilidad de los bosques de recuperarse.
Por eso, los árboles están muriendo con más frecuencia, y se tardan más en volver a crecer, contribuyendo así a una reducción generalizada en el total de la biomasa de la Amazonía.
Y eso ha llevado a que las especies de árboles sensibles a la sequía sean reemplazadas por especies más resistentes.
Esto podría significar que la Amazonía se está acercando a un punto de inflexión que llevaría al colapso de la selva tropical, convirtiéndola en un pastizal seco o una sabana.
Hasta 2022, al menos 40.000 plantas, 2.200 peces, 1.200 aves, 400 mamíferos, 400 anfibios y 375 reptiles han sido clasificados científicamente en la Amazonía, sin mencionar las cerca de 2,5 millones de especies de insectos.
La Amazonía ha existido, cómo un bosque tropical denso y húmedo repleto de vida, por al menos 55 millones de años.
Influencia humana
La pérdida de resiliencia parece ser más prominente en áreas cercanas a la actividad humana, así como aquellas que reciben menos agua de lluvia.
Eso se demuestra en las imágenes satelitales de áreas remotas de bosque en la Amazonía, que analizaron los científicos entre 1991 y 2016.
Para ello, usaron una medida llamada espesor óptico de la vegetación, con lo que sugirieron que la biomasa forestal está tardando más en recuperarse en estos lugares a medida que aumentan los niveles de estrés.
La biomasa forestal es el peso total de organismos en determinada área.
El estrés en la naturaleza se deriva de factores como la construcción de carreteras y la expansión de las tierras de cultivo.
Más estrés
¿Esta nueva investigación presenta una advertencia creíble? La pregunta de si la Amazonía está alcanzando un punto de inflexión que pueda dar la vuelta hacia otro estado sigue sin responderse.
A medida que un ecosistema se vuelve menos resiliente, es menos capaz de florecer en medio de las sequías y otros orígenes de estrés. Esto se conoce como “desaceleración crítica”.
Si las tensiones continúan, se vuelve más probable que el ecosistema alcance un punto en el que cambie a un nuevo estado abruptamente. En otras palabras, la desaceleración crítica puede actuar como una señal de alerta temprana del colapso inminente.
Este estudio analiza el impacto del cambio climático en la selva tropical en la forma de sequías más largas y más secas, sin embargo no permite identificar cuándo puede llegar una transición crítica, o si ya hay una en curso.
Si el límite crítico que pone en riesgo el colapso de la Amazonía no se ha cruzado aún, los efectos combinados de estos podrían implicar que suceda más pronto de lo esperado si se mira cada fuente de estrés de manera aislada.
Una vez iniciada la transición, puede tomar solamente unas décadas para que la Amazonía alcance un nuevo estado.
La nueva investigación hace énfasis en la necesidad de:
Revertir las emisiones globales de gas de efecto invernadero.
Reducir las presiones locales en la selva.
Conservar hábitats para contrarrestar los efectos de un clima más seco.
De lo contrario, está podría ser la última generación con el privilegio de compartir un planeta con estos ecosistemas.

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